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Como comunicólogo me he convencido de una premisa básica, la comunicación está en todos lados, es un aspecto inherente al desarrollo y forma de vida de los seres humanos. Por ende puede ser utilizada para diferentes fines, tanto burdos como científicos; su profunda presencia dentro de los esquemas de desarrollo ideológico lo hace posible y su unión al desarrollo de las disciplinas contemporáneas (desarrollo organizacional, mercadotecnia, relaciones públicas, por mencionar algunas) lo demuestra.
Hoy más que nunca el estudio de los procesos comunicativos tiene una razón de ser, que trasciende el conocimiento teórico y la práctica técnica de los medios de información tradicionales. Sin lugar a dudas la comunicación como ciencia descubre nuevo niveles y alcanza su potencialización, la cual puede ser enfocada a la evolución de las sociedades. Debido a ello resulta viable utilizarla como una herramienta que por medio del control ideológico, disemine el bien común en los grupos humanos. El presente documento ha sido resultado de las premisas anteriores, del anhelo y afán de utilizar la comunicación para el desarrollo social, teniendo como base la recopilación de datos, para la generación de productos encaminados a la satisfacción de las necesidades ideológicas, culturales y de información de la humanidad; y en este caso el tema que dio pie al proceso de investigación que pretende dar a conocer el artículo que usted tiene en sus manos fue el siguiente:
El problema
Como bien constata la historia, a lo largo de los años la lucha por la salud, se ha enfrentado a diversas barreras tanto médicas como sociales y la situación en la actualidad dista de ser diferente. Hoy en día muchas veces los prejuicios que la población en general puede tener contra ciertos padecimientos gracias a la desinformación y la ignorancia, son los principales obstáculos a vencer. Tal es el caso de las enfermedades mentales que en varias ocasiones no son tomadas por los pacientes y sus allegados como padecimientos, sino no como algo vergonzoso que únicamente sufren aquellas personas que están fuera de sí o que padecen de sus facultades y hablando particularmente de la depresión (tema que le interesa al presente artículo) a ésta se le tiende a estigmatizar como una debilidad; sin embargo, la depresión como tal es una enfermedad mental que se agrupa dentro de los trastornos afectivos o del ánimo.
Para poder entender el carácter biológico de este padecimiento, es necesario comprender la función de ánimo el cual: “está controlado por el sistema nervioso, donde diversos circuitos neuronales del cerebro se encargan de regular nuestras emociones. La depresión ocurren cuando algo afecta el funcionamiento de las ce?lulas que constituyen los circuitos reguladores del a?nimo. La incapacidad de mantener un a?nimo que permita funcionar de manera adaptativa al individuo con el entorno y consigo mismo constituyen el espectro de los trastornos afectivos.” (Thomas Téllez, Eduardo, 2007, PP. 13-14).
Entonces como se puede notar, sufrir depresión (no tristeza) es una afección que obedece a circunstancias neurofisiológicas que están ligadas a aspectos socio-circunstanciales (es decir a un entorno) y, por desgracia, al ignorar parte del primer hecho se alimentan los prejuicios contra este tipo de enfermedad.
Como se aprecia el problema es grande, hay estigmas contra las enfermedades mentales; pero esto no es todo, ya que aunado a ello se encuentra el hecho de que la depresión es uno de los trastornos psiquiátricos más sufridos. En un estudio publicado en 2008 y realizado por doctores del Instituto Nacional de Psiquiatría Ramón de la Fuente de México y la Universidad Morgan State de Baltimore, Estados Unidos, se dice que según cálculos “para el año 2020 la depresión ocupará el segundo lugar como padecimiento incapacitante”. (González-Forteza, Catalina; Jiménez-Tapia, José A.; Ramos-Lira, Luciana y Wagner, Fernando A; 2008). Por otro lado hablando únicamente de México en un documento publicado en la página oficial de la Secretaría de Salud titulado Panorama de la salud mental en las mujeres y los hombres mexicanos (2006) se nos informa que: “La depresión es la primera causa de atención siquiátrica en México”, además “los trastornos neuropsiquiátricos ocupan el quinto lugar como carga de enfermedad, al considerar indicadores de muerte prematura y días vividos con discapacidad”. (Disponible en: http://www.salud.gob.mx/unidades/ cdi/documentos/PanoramaSaludMentalMyH.pdf (Instituto Nacional de las Mujeres, 2006, P. 6)). Por otro lado según la Encuesta Nacional de Epidemiología Psiquiátrica (ENEP) realizada por iniciativa de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en 2001:
Tres de cada 10 mexicanos han sufrido alguna enfermedad mental a lo largo de su vida; tres de cada 20 la ha sufrido en el último año y uno de cada 20 la sufre en los presentes 30 días. La atención que recibe esta inmensa población de enfermos es mínima. Sabemos, por ejemplo, que de los casos de depresión mayor, sólo el 20% busca ayuda profesional. A lo largo de la vida hay dos picos en el número de casos de depresión mayor que se presenta anualmente: a los 17 y a los 35 años. Esto significa que en estas edades... hay mayor riesgo de que se presente un episodio depresivo. (Como se cita en Thomas, Eduardo, 2007, P. 12).
La Investigación
Todo estos datos llevan inherentes a ellos, una necesidad creciente, la de generar propuestas que ayuden a sobrellevar el problema, tanto en el presente como en el futuro cercano y no necesariamente de manera general, sino particular, ya que cada población posee sus propias características. Tomando en cuenta esto, quien escribe, se dio a la tarea de realizar una investigación, la cual tenía como propósito recopilar datos y opiniones sobre el tema referido, de los habitantes de una de las ciudades más importantes de la República Mexicana, la Ciudad de Puebla; para así obtener la información necesaria para de desarrollar un mensaje de comunicación que fuera viable para atacar la desinformación; y por ende la mala interpretación que gira alrededor de la enfermedad depresiva en dicha capital.
Buscando lograr su cometido, la indagación utilizó un proceso metodológico, que tomó como enfoque un modelo mixto, donde tanto los datos cuantitativos como cualitativos fueron esenciales para cumplir los objetivos. Se realizaron tres tipos de muestra donde fueron entrevistados en primer plano expertos en el tema, como individuos que padecieron depresión, para continuar con una encuesta aplicada a una cantidad representativa de individuos que viven dentro de los límites de la metrópoli poblana.
El proceso de indagación logró generar dos materiales importantes, en primer lugar, una base de datos, que contiene información amplia sobre el tema de la depresión, recolectada de los expertos, donde figuran el Dr. Joaqui?n Alejandro Soto Chilaca, Vicepresidente de la región centro de la “Asociación Psiquiátrica Mexicana”; la Dra. María Belén Guerrero Cabrera, Directora de “Casa de Salud”, institución líder en tratamiento de enfermedades mentales en Puebla y la Dra. Raquel Montes Torrealba, Jefa de consulta externa del “Centro de Salud Mental del Estado de Puebla”. En segundo lugar la investigación arrojó datos duros y actualizados que fueron de ayuda para generar un mensaje informativo específico para los individuos que forman parte de Puebla Capital.
Resultados
A continuación se presentan algunas de la premisas que fueron resultado de todo el proceso de indagación:
La base de datos, emanada de los expertos en el tema se centro en dos afirmaciones; en la importancia del aspecto biológico de la enfermedad y en el impacto del apoyo negativo que la mayoría de la población tiende a dar gracias a la desinformación y desconocimiento de las bases de la misma. Se llegó a la conclusión de que el problema del prejuicio hacia la depresión radica en que no es considerada como lo que es, sino como una debilidad; cuando en realidad es un padecimiento que tiene en parte una base biológica que puede ser provocada por dos aspectos, endógenos (la genética de los individuos) o exógenos (el estrés causado por el entorno socio-cultural). Por tanto la recolección de datos logró conjeturar lo siguiente: se debe de entender que no importa que la provoque, estrés o predisposición genética, no existe depresión sin un desequilibrio bioquímico, es por ello que el tratamiento de la afección, cuando ésta ya se ha establecido, debe de ser desde un inicio psiquiátrico, donde el especialista con base en su preparación tanto médica como psicológica decidirá cual es el tratamiento preciso y adecuado para el paciente.
Debido a esto es necesario acudir en primera instancia a un psiquiatra, no a un psicólogo, puesto que, como ya se ha explicado, la base de la enfermedad no es del todo psicológica sino también biológica y en gran medida. Es cierto que en algunos casos la psicoterapia por si sola puede llegar a ser efectiva para tratar la depresión, sin embargo puede ser contraproducente, ya que si un individuo que se encuentra en un estado franco de depresión recibe psicoterapia, las actividades o tareas que se le asignan en la misma, pueden incrementar su estrés y presión agravando su enfermedad, debido a que el paciente no tiene voluntad para hacer absolutamente nada, encontrándose discapacitado. Es por ello que se requiere la mayoría de las veces de un medicamento que ayude al individuo a restablecer su bioquímica cerebral, para después reforzar el tratamiento con ayuda psicológica y familiar que se genera forzosamente en una buena compresión del padecimiento.
La segunda premisa que dejó en claro la investigación dentro de la base de datos recae exactamente en la aseveración con que cierra el párrafo anterior; “entender la enfermedad es fundamental para encaminar al individuo en el tratamiento correcto”. Si la familia no lo comprende entonces tiende a apoyar al enfermo con una frase que en palabra de los expertos y de los individuos que padecieron depresión, resulta plenamente agobiante y contraproducente. La frase es “échale ganas” la cual únicamente agrava la situación del depresivo haciéndolo sentir inútil, puesto que él no está capacitado para sobrellevar y salir avante de la enfermedad; extrapolando la idea anterior se puede afirmar que decirle échale ganas a una persona que está en un estado franco de depresión es como tratar de animar a un paralítico a que camine, cuando este no puede. Uno de los entrevistados que pasó por un periodo de depresión afirmó que esta frase no era suficiente y sus palabras constatan el impacto negativo de la misma: –sólo empeora las cosas –dijo-, porque lejos de ayudarte te hace sentir inútil e incapaz de ayudarte a ti mismo.
Los datos recolectados dieron a conocer los tratamientos sociales que resultan contraproducentes pero también, estructuró uno que podría ser más que viable; este fue resumido de la siguiente manera en las palabras de la Dra. Raquel:
El apoyo correcto debe estar basado en el apoyo familiar donde se le dice al enfermo “estamos contigo”, vamos al doctor y vamos hacer lo que el especialista diga, y dicho estar contigo se traduce en aceptarte en ese momento sin la capacidad de poder estar solo, sabiendo que necesitas apoyarte en nosotros y que nosotros estamos aquí para que tú te apoyes, se traduce en una solidaridad entendida fuera de mi como familiar, donde no me deslindo diciendo “échale ganas, todo va estar bien”, porque eso es contrario, no se le está apoyando a la persona se le está dejando sola.
A groso modo estos son los datos que fueron recopilados por la investigación cualitativa, los cuales resultaron ser complementarios y similares a los arrojados posteriormente por el instrumento cuantitativo, y a continuación se presentan 6 aseveraciones que muestran de manera general los descubrimientos de la segunda parte del proceso de indagación:
1. La mayoría de los individuos encuestados poseen una visión positiva en lo que a enfermedades mentales se refiere*, contrario a lo que se pensaba antes del inicio de la investigación.
2. El 51.5% de los encuestados ven favorablemente a los psiquiatras.
3. El 74% de los encuestados no considera la depresión como una enfermedad mental, para ellos es un bloqueo psicológico o una tristeza.
4. El 83% de los encuestados tiende a darle más peso al aspecto social que provoca la enfermedad que al aspecto biológico, el cual siempre resulta presente cuando se ha posicionado el trastorno depresivo.
5. Al menos la mitad de las personas encuestadas apoyan al depresivo diciendo: “échale ganas”.
6. De la población analizada, los más negativos son los varones, tanto los jóvenes como los adultos.
Los enunciados anteriores dejan en claro tanto aspectos positivos como negativos que poseen los individuos que fueron analizados; dichas premisas se traducen en un descubrimiento: Se debe de atacar el estigma a la depresión de manera separada (al menos en Puebla) ya que la mayoría de la gente estudiada (70%) no ve de manera negativa al enfermo mental (estigma de loco, retrazado, estúpido), pero a pesar de ello las condiciones de apoyo hacia la depresión (al menos de la mitad de los encuestados) siguen negativas. Este hecho se presta a suposiciones y una de las posibles respuestas, sustentada en los mismos resultados de la investigación (punto 3 de la lista anterior), es que no importa los avances que se tengan hacia la interpretación del padecimiento y del enfermo mental en Puebla capital, la visión hacia la depresión no cambiará necesariamente, porque al menos para la mitad de la población de dicho lugar, estas dos situaciones no están relacionadas, sino aisladas una de la otra, por tanto aunque tengamos tolerancia con un enfermo mental, no la tendremos con un depresivo porque el no está enfermo, sólo está triste o tiene un bloqueo psicológico.
Conclusiones
Uniendo todos los datos anteriores se puede decir que el mensaje ideal para atacar la desinformación con respecto al tema referido en Puebla Capital, se debe de centrar en hacer entender a la población en general, que el apoyo hacia los depresivos debe de ir más allá de un échale ganas, además de invitarlos a informarse, para que de esta manera puedan entender que la depresión es un padecimiento que está dentro de las enfermedades mentales y que por ende requiere de apoyo especializado preferentemente de un psiquiatra. De esta manera el avance que ha existido respecto a la salud mental también se aplicaría a la depresión. Por otro lado es viable que los esfuerzos se centren hacia los varones ya que ellos presentan los niveles más altos de mala interpretación hacia el tema referido.
Con todos estas aserciones se puede apreciar e inferir el gran uso que se le puede dar a la comunicación en temas que al parecer se encuentran totalmente aislados del menester del comunicólogo. La presente investigación a servido para generar un mensaje de comunicación particular y preciso que puede ser de mucha ayuda a una población, además de recolectar información para apoyar a la sociedad por medio de su difusión. Ya se tiene lo que se debe de decir, ahora se requiere escoger el medio de propagación, donde se puede hacer uso de relaciones públicas o de una campaña social, eso ya se decidirá.
Personalmente termino por afirmar con base en la experiencia que me ha dado la investigación y el sufrir la enfermedad, que es momento de tomar en cuenta este aspecto de manera separada, no sólo por el mal pronóstico que augura el incremento de depresivos a nivel mundial, sino por la consecuencia fatal que genera la mala interpretación que existe hacia el trastorno depresivo, el suicidio. Por ello, en mi opinión es necesario que todos aportemos nuestro grano de arena y la mejor manera de hacerlo es informándonos en fuentes fidedignas y apoyando a quienes sufren la situación; ¿cómo? Instándoles a acudir a un psiquiatra lo más pronto posible, e iniciar y respetar el tratamiento que el médico señale. Siempre dejando de lado las opiniones contrariar que puedan existir en el medio social, pues la mayoría de ellas, si no es que todas, están basadas en el miedo, la desinformación y la ignoraría. 
Referencias:
1. González-Forteza, Catalina., Jiménez-Tapia, José Alberto., Ramos-Lira, Luciana., y Wagner, Fernando A. (2008). Aplicación de la Escala de Depresión del Center of Epidemiological Studies en adolescentes de la Ciudad de México. Salud Pública de México, 50(4), 292-299. Obtenido de la base de datos MedicLatina.
2. Instituto Nacional de las Mujeres. (2006). Panorama de la salud mental en las mujeres y los hombres mexicanos. Extraído el 14 de abril de 2010 desde la página de la Secretaría de Salud: http://www.salud.gob.mx/unidades/cdi/documentos/PanoramaSaludMentalMyH.pdf
3. Thomas Téllez, Eduardo. (2007, Junio). Repelar en el vacío: La depresión en la adolescencia. ¿Cómo ves? Revista de divulgación de la ciencia de la Universidad Nacional Autónoma de México. 103 (9). Por Alan Paul Vergara Vallejo
México
Tesista en comunicación e Información por la Universidad Madero de Puebla, México.
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